El ADN de la justicia de paz - 89

Ago 11 2017
Por: Diego Saquer (juez de Faltas de General San Martín)
Este, como todos los años, la Justicia de Paz y Faltas se ha reunido en pleno junto a los Ministros y los Ministerios Públicos, para realizar, el sano ejercicio de compartir experiencia y mirarnos hacia adentro y compartir experiencias y estrategias.
 
Se realizó un trabajo técnico y especializado sobre temas puntuales que hacen al fuero de Paz y al de Faltas. Ello sin duda enriquece la tarea de todas las personas que hacemos justicia de paz porque refuerza y actualiza y también otorga nuevos conocimientos.
 
Si denostar la importancia de esa tarea técnica, creo que lo más importante y rico de éste, y de todos los encuentros es la interacción entre colegas el compartir las experiencias y las metodologías de trabajo, que es sin duda lo más enriquecedor.
 
De esa interacción me quedan algunas conclusiones que quiero compartir. En primer lugar y con felicidad, veo que modo único que tiene la Justicia de Paz de relacionarse directamente con las personas, esa proximidad, que le permite ver no solo el conflicto, sino también a los seres humanos que lo viven y su entendimiento de la idiosincrasia local, que moldea sus modos y resoluciones; cosas tan características y fundamentales que son parte del ADN primogénito de la Justicia de Paz; se halla hoy vigente y con buena salud. Recuerdo que unos años atrás, en algún lugar similar a este había, expresado mi temor de que esta característica se pierda con la profesionalización de la Justicia de Paz. En efecto vi colegas comprometidos con sus pueblos, a los que les preocupan y ocupan sus problemas y comprometidos también hablar directamente con la gente, dando soluciones directas o al menos, escuchado y conteniendo.
 
Otra conclusión es que también se conserva esa condición que impregna todas las resoluciones que es “la utilidad”, se vio muy marcada esta necesidad de que, y disculpen la redundancia, la resolución “resuelva”, ello implica buscar con ella algo más que el cierre formal del proceso. En este sentido se escucharon muchas experiencias de resoluciones creativas e innovadoras a veces exceden el planteo formal y se ocupan de las causas, que no solo se limitan a repartir o sancionar, sino a corregir, educar y/o curar. Considero muy buena esa manera de anteponer la solución a las formas, o sea el de adecuar las formas a la solución y no al revés.
 
También rescato el compromiso, me tomo la licencia de llamarlo social, de las personas que operan en la Justicia de Paz y Faltas, que va más allá de lo funcional. Esa predisposición incansable a la tarea que tienen (tenemos) esas personas. He oído a la mayoría de los colegas contar experiencias de trabajo que exceden las exigencias del servicio y a veces lo jurisdiccional, que trabajan en el campo, con la policía y demás entes de prevención. Dando cursos, charlas en escuelas, organizado y participando en foros de seguridad, colaborando con otras instituciones, como el Registro Civil o el Tribunal Electoral, en no pequeñas tareas, sin más reconocimiento que el honor de hacerlo y el cariño de quienes se lo agradecen.
 
Por otro lado, fue muy marcada la problemática, de la falta de respuesta de otros organismos estatales, frente a problemas de alto impacto social, como el tratamiento de las adicciones a las drogas, donde por un lado tenemos una sociedad cada vez más demandante y una respuesta, que en la mayoría del interior de la provincia, es nula. Es notable como el Juzgado de Paz termina recibiendo problemáticas que son el resorte de otros organismos.
 
Resumiendo, más allá de los temas puntuales, el Plenario Anual de Justicia de Paz y Faltas es un punto de encuentro fundamental, que nos permite a las personas que trabajamos en lo mismo pero con poco contacto, lograr conocernos intercambiar experiencias, aunar criterios y elaborar estrategias unificadoras del esencial servicio que prestamos: hacer paz.
 
Es una herramienta fundamental es la consolidación de la mejor justica de paz y faltas del país.
 
Diego Sáquer